

Mientras la Secretaría de Planeamiento de la Municipalidad de Balcarce, a cargo de Gustavo "Tuta" Torres, anuncia con bombos y platillos su “plan de mejora de la infraestructura urbana y la seguridad vial”, la realidad en las calles del centro de la ciudad se convirtieron este viernes en un caos vehicular y peatonal absoluto, generando malestar generalizado y poniendo en evidencia lo que los vecinos denuncian como una gestión desastrosa y mal planificada por parte de la gestión del intendente Esteban Reino.
El listado de arterias intervenidas simultáneamente fue extenso: calles 13, 11, 27, 9 y 22, todas en pleno radio céntrico o en sus inmediaciones, se encontraban cerradas al tránsito. A esto se sumó el corte puntual en calle 28 y las intervenciones en sendas peatonales de calle 18 y Av. Favaloro, y calle 15 y 20. La suma de estos frentes de obra, lejos de parecer un plan coordinado, se asemejó más a una maraña de obstáculos insalvables para conductores y peatones.
El resultado fue previsible: un colapso circulatorio que convirtió el centro de Balcarce en un rompecabezas de desvíos imposibles. El enojo de la gente no se hizo esperar. En un hecho inédito para la ciudad, conductores atrapados durante varios minutos y transeúntes forcejeando para cruzar entre rodados y calles intransitables manifestaron abiertamente su fastidio por una situación que pudo ser manejada de manera escalonada y mucho menos intrusiva.
La desorganización generó un efecto dominó de infracciones y peligros. Ante la falta de lugares para estacionar producto de los cortes, conductores apáticos optaron por bloquear de manera irresponsable las rampas para discapacitados, violando no solo la ley sino el más elemental sentido de solidaridad, y entorpeciendo gravemente los cruces peatonales seguros.
Pero el cuadro de descontrol escaló a niveles alarmantes. Según relató una vecina que se encontraba en la oficina de atención al público de ARCA, ubicada precisamente en una de las esquinas afectadas (22 y 19), el desprecio por la norma y la seguridad llegó a extremos inadmisibles: camionetas y autos, desoyendo por completo la cartelería que indicaba el corte, optaron por invadir las veredas para avanzar, incluso en contramano, exponiendo a un gravísimo riesgo a los peatones que circulaban por allí. Esta acción, propia de una situación de anarquía vial, fue la consecuencia directa de una nula presencia de control para organizar el tránsito desviado.
La simultaneidad de todos estos factores no refleja una planificación meticulosa, sino todo lo contrario: una superposición de iniciativas sin una mirada integral que anticipe y mitigue el impacto en el quehacer cotidiano de los balcarceños.
La gestión de Esteban Reino promete progreso y seguridad vial, pero la ejecución de sus obras, al menos en esta ocasión, solo ha traído desconcierto, peligro y una profunda irritación en la población. La pregunta que flota en el aire es quién planificó este viernes de pesadilla y si alguien en el municipio consideró siquiera el efecto real sobre la ciudad a la que dicen querer mejorar.