

En los últimos días, una persona se ha convertido, sin quererlo, en el rostro de una vulnerabilidad que muchos creían ajena a esta ciudad. Se trata de un hombre de mediana edad que pernocta en los bancos de las plazoletas de la avenida Del Valle, acompañado únicamente por una bicicleta, una bolsa con sus pertenencias, un cartón que hace las veces de colchón y una fina manta. Su presencia, discreta y silenciosa, contrasta con el flujo habitual de la zona y ha removido la conciencia de quienes transitan por allí.
Lo que más ha impactado a los testigos no es solo la situación en sí, sino la velocidad con la que la imagen de este vecino se multiplicó en las redes sociales visibilizando su caso, y la lentitud —casi ausencia— de la respuesta oficial. A pesar de que el asunto tomó estado público de manera inmediata, no se ha registrado hasta el momento ninguna manifestación o comunicación por parte del Ejecutivo municipal, comandado por el intendente Esteban Reino. Tampoco se conocen acciones concretas desplegadas por el área de Desarrollo Social, a cargo de Paola Moreno.
Esta falta de reacción rápida y efectiva no es un hecho aislado, sino que parece reflejar una de las grandes falencias estructurales de la gestión municipal, en el poder desde diciembre de 2015: la ausencia de políticas habitacionales y de un enfoque social integral hacia los sectores más vulnerables. Llama la atención el escaso reclamo respecto de que en más de una década no se ha construido ni una sola vivienda social nueva en la ciudad, y los programas existentes de contención parecen insuficientes o reactivos, no preventivos.
Balcarce no es una gran urbe, pero eso no la exime de enfrentar problemáticas sociales complejas. La postal de una persona durmiendo en la calle, aunque aún no sea masiva, es un síntoma que debería encender todas las alarmas en un gobierno local que se precie de cuidar a sus vecinos. La situación exige más que un eventual operativo paliativo; requiere de una política pública seria, con presupuesto, planificación y voluntad política, que aborde la emergencia habitacional y la exclusión desde la raíz.
Mientras "el hombre de la bicicleta" sigue buscando refugio en un banco público, la pregunta que flota en el aire es incómoda pero necesaria: ¿Cuántas situaciones como esta deben hacerse visibles para que la gestión de Reino actúe con la celeridad y la empatía que toda crisis humana merece? La calle no puede ser la única respuesta —o la falta de ella— para un vecino que ha quedado al margen. La dignidad de una sociedad se mide también por cómo protege a los que menos tienen. Y hoy, Balcarce está frente a un espejo que refleja una deuda pendiente.
