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Rosca semanal de pasillo
Del 31 de enero al 6 de febrero


El escupitajo en el ojo

El secretario de Hacienda, "Pancho" Ridao, salió a quejarse públicamente por "un recorte inesperado que pone en tensión el presupuesto municipal" por parte de la Provincia. La declaración, que en otro contexto pasaría como un reclamo técnico más, generó un nuevo chispazo con el intendente Reino, y con razón. Es que hay algo de paradoja incómoda en el planteo: desde que asumió Milei —a quien el radicalismo local en su mayoría apoyó tácitamente durante la campaña electoral—, la provincia de Buenos Aires viene recibiendo apenas entre el 19% y 22% de la Coparticipación Federal de Impuestos, a pesar de aportar más del 32% del PBI nacional. La disparidad no es nueva, pero se agravó. Y encima, de esos recursos ya recortados que llegan a la Provincia, Buenos Aires distribuye el 16,14% de sus ingresos propios (Ingresos Brutos, Inmobiliario) entre sus 135 municipios. O sea: la Provincia recibe migajas del Nacional, y de esas migajas le manda una porción a los intendentes. Entonces, que Ridao se queje del recorte provincial sin mencionar el elefante en la habitación —el ajuste brutal que viene desde Nación, con el aval implícito de su propio espacio político— no cayó nada bien. El intendente leyó entre líneas y el nuevo cortocircuito fue inmediato. Es difícil victimizarse del recorte provincial cuando uno apoyó al gobierno que recorta a la provincia.



El vaso medio vacío de los 80 palitos

El reclamo de Ridao por el recorte provincial adquiere otra dimensión cuando se cruza con otro dato relevante: el Gobierno municipal había solicitado formalmente a la Provincia de Buenos Aires la suma de 135 millones de pesos para financiar la próxima edición de la Fiesta Nacional del Automovilismo, uno de los eventos más importantes del calendario local. Sin embargo, dada la complicada situación fiscal que atraviesa la gestión bonaerense —justamente producto del desfinanciamiento que sufre por parte de Nación—, la Provincia solo pudo girar 80 millones de pesos. No es un monto menor, pero tampoco cubre la totalidad de lo solicitado. El intendente Reino, consciente del contexto, tuvo que conformarse con lo recibido y reconocer públicamente el aporte provincial, que según indicaron alcanza para cubrir los espectáculos artísticos que se presentarán durante la fiesta. La situación plantea una paradoja interesante: mientras el secretario de Hacienda sale a quejarse públicamente del recorte que sufre el municipio por parte de la Provincia, simultáneamente la gestión local estaba gestionando —y obtuvo— una transferencia millonaria para un evento de carácter festivo y turístico. Claro que la Fiesta del Automovilismo tiene su importancia económica y simbólica para Balcarce, pero el contraste entre el reclamo por la falta de recursos y la recepción de 80 millones para un evento recreativo no pasa desapercibido. La Provincia, aún con sus finanzas comprometidas, igual mandó dinero. La pregunta es si el reclamo público de Ridao tomó en cuenta ese gesto, o si simplemente se enfocó en lo que faltó y no en lo que llegó.




Todos miran el partido, uno ya negocia el estadio

Entre la sensación de descontento generalizado que se respira en el balcarceño promedio y el natural desgaste que acumulan 12 años de gestión municipal, el oficialismo empieza a mirar hacia el 2027. Cuando se habla de posibles sucesores de Reino, todo el mundo piensa en los mismos dos nombres: los que están visibles, los que acumulan gestión, los que vienen haciendo trabajo territorial y mediático. Son las opciones lógicas, las que cualquier observador señalaría sin dudar. Pero resulta que en política las cosas no siempre son tan lineales como parecen. Ya habría un "tapado" —un nombre que no está en el radar político de nadie, que no aparece en las encuestas ni en las conversaciones de café— esperando pacientemente el momento indicado para salir de la gatera. No es un desconocido total, pero tampoco es parte del grupo de candidatos evidentes. Es alguien que viene trabajando en silencio, construyendo sin hacer ruido, tejiendo relaciones sin exponerse. La estrategia del tapado es antigua pero efectiva: mientras todos miran a los favoritos y se desgastan entre sí, acumula fichas sin generar anticuerpos. Cuando llegue el momento de las definiciones, podría aparecer como una tercera vía, una alternativa de consenso o, directamente, como la sorpresa que nadie vio venir. Por ahora es solo un rumor, un nombre que circula en voz baja entre quienes saben leer la trastienda del poder local. Pero en política, los tapados de hoy suelen ser los candidatos de mañana.