
Después de casi una década, la Escuela Agropecuaria Nelly Brown de Emerson volvió a poner en marcha su fábrica de leche escolar, un proyecto educativo y productivo que permite a los estudiantes producir, envasar y vender leche elaborada en el tambo propio. El primer litro volvió a salir este martes, marcando un hito para la comunidad educativa.
El último sachet se había producido en 2015. Desde entonces, una combinación de dificultades técnicas, económicas y las graves inundaciones de 2016 y 2017 obligaron a paralizar la planta. “En el 2017 la escuela tuvo un metro y medio de agua adentro del edificio. Eso nos obligó a cerrar el tambo, que es la principal fuente de materia prima para la fábrica”, explicó César Julián, docente y jefe de área.
El regreso de la fábrica de leche escolar fue posible gracias al trabajo articulado entre el equipo docente, el municipio, el Consejo Escolar y la cooperadora. Se adquirió una nueva caldera a gas —la anterior era a leña— mediante aportes del Ministerio de Educación y fondos de la cooperadora. También se realizó una instalación completa de gas, la recuperación del techo de la fábrica, la incorporación de un ablandador de agua, pintura general, refacción de cámaras de frío y colocación del zeppelin de gas.
“El sueño se cumplió este martes, cuando los alumnos pudieron envasar el primer litro de leche. Fue un momento muy emocionante para todos”, contó Julián. Los primeros sachets ya se venden en la carnicería “Lo del Negro”, ubicada sobre la avenida Chassaing Sur.
Desde la cooperadora escolar, su presidente Alberto Viano destacó que el proceso de recuperación demandó una inversión cercana a los 38 mil dólares. “Todo se hizo con recursos de la cooperadora. Los registros están disponibles, porque somos una asociación civil y todo está auditado. Llevamos una contabilidad meticulosa”, aseguró.
El sachet se vende a mil pesos el litro, uno de los precios más bajos del país. “No es que queramos ganar dinero con esto. La idea es que sea sustentable y que los chicos aprendan a gestionar una producción rentable, pero también accesible para la comunidad”, remarcó Viano.
Además de leche, la escuela produce quesos semiduros, sardos y de pasta blanda, y se prepara para retomar la producción de dulce de leche. Todos los alimentos son elaborados por los propios estudiantes, que se forman en aspectos técnicos, administrativos y comerciales. “Queremos que se preparen para poder volver a sus lugares de origen y vivir del valor agregado que se le puede dar a la materia prima”, subrayó Julián.
Actualmente, la institución atraviesa un momento de crecimiento. Se sumaron dos primeros años debido al aumento de matrícula y se mejoraron espacios clave como la residencia estudiantil, el tambo, el área de porcicultura, la planta de faena y los entornos productivos. También se incorporó un sistema informático que permitirá a los alumnos hacer un seguimiento del recorrido de cada producto.
“El acompañamiento del Consejo Escolar, del municipio y de la comunidad ha sido clave. Cuando hemos pedido donaciones, los empresarios respondieron. Los vecinos consultan y se interesan. Es un momento muy bueno, y tenemos que aprovecharlo”, afirmó Julián.
Gracias al excedente económico generado por la escuela, la cooperadora evalúa renovar uno de los vehículos de traslado con un 0 km. “Estamos logrando que sea sustentable con sus propios recursos. No estamos hablando de un sueño lejano, ya lo estamos haciendo”, indicó Viano.
El regreso del sachet no es solo una anécdota productiva: es el símbolo del renacimiento de una institución que apuesta por una educación técnica de calidad y con impacto real. “Lo más importante son los chicos. Ellos son la razón de ser de todo esto”, concluyó César Julián.
Fuente: Todo Provincial